Kimi No Na Wa (Your Name) | Al final, todos somos historias

Cada cierto tiempo llega una película. Dicha película llega discretamente. Te topas su nombre en alguna revista o en alguna página de cine. Incluso puede que llegue a ti gracias a algún gif en Tumblr o una frase en Twitter. Una persona te cuenta de ello y al minuto siguiente estás buscando información relativa a ese pequeño descubrimiento que, quizá por algún hilo rojo del destino, llegó a ti. Y se queda en un lugar especial de tu corazón. Sí, suena muy romántica la idea, pero es una idea que me gusta compartir cuando invito a alguien a descubrir y maravillarse con Kimi No Na Wa, o Tu Nombre (Your Name), como se ha llamado a su arribo a México.

Tras una (aparentemente) sencilla historia, Kimi No Na Wa logra lo que pocas películas en el género han hecho: innovar a partir de una premisa manoseada y vilipendiada montones de veces, mezclando sutilmente comedia romántica con drama y ciencia ficción. Uno se enamora de los personajes, se ríe con ellos y sufre con ellos, y junto a ellos vamos hilando una narración casi perfecta donde descubrimos no uno, sino varios pequeños giros en la historia que nos hacen sentir como si estuviéramos viendo una película por primera vez.

Sí, admito que en su primer acto, por muy divertido que sea, creí que estaba viendo una película más del montón que los medios decidieron encumbrar por una razón no comprendida hasta el momento. Después de todo, ¿cuántas veces no hemos visto la historia de chico cambia cuerpo con chica y ambos se enamoran?

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Pero oh, es bello descubrirse equivocado. Y sorprenderse al ver que la historia no va por donde uno pensaría que iría pero sí va hacia ese punto. Es una cuestión complicadamente sencilla. Incluso absurda. Y cuando uno se da cuenta de los detalles en la narración que pasamos por alto al estar pensando en saber hacía dónde van los tiros, es cuando estamos hasta el fondo y nos implicamos a un nivel personal con lo que nos cuentan Mitsuha y Taki. Y queremos que cumplan su misión. Y que puedan conocerse. Y que puedan desafiar al destino pese a la imposibilidad intrínseca del enorme desafío que conlleva el que puedan conocerse de la manera típicamente convencional que ya conocemos.

Porque sí, al final todo es absurdamente sencillo. Los puntos fijos en el tiempo son cambiables y reparables. Y lo que conocemos sobre física y amor es puesto ligeramente a prueba. Y comprendemos cosas que antes dábamos por hecho. Y todo esto pasa en solo 106 minutos, pero son minutos que sufriremos y gozaremos y nos harán sacar una lagrima al final, cuando el hilo rojo del destino ha cumplido su destino.

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Makoto Shinkai, autor de semejante OBRA MAESTRA (sí, en mayúsculas y en negritas) sabe que La Ficción está al servicio de La Historia y no al revés. Desde el primer minuto y en todo su primer acto nos muestra el que quizá sea uno de los más preciosos relatos acerca de las identidades compartidas, y vaya que sabe cómo sacarle jugo a las situaciones cómicas de su duo protagonista, acompañado siempre de una animación que no le pide nada a Studio Ghibli.

Y sí, nos presenta situaciones que la lógica nos impide aceptar así como así, pero es tanta su pericia al contarnos lo que desea, en hacernos sentir lo que necesita hacernos sentir, que es imposible no dejarse llevar por ello, por dejar atrás los prejuicios y aceptar un salto de Fe. Es tan grande y tan fuerte la potencia de las situaciones que transcurren a cada momento que despiertan en ti anhelos que quedaron perdidos en el pasado. Y deseas volver a ser el adolescente Taki y la amable Mitsuha. Y piensas en las cosas que realmente importan en la vida. Y que el tiempo es relativo. Y que las noches de desvelos son por una razón, que las rutinas son odiosas y necesarias, que nunca sabes a dónde te llevará el hilo rojo del destino pero sabes muy en el fondo que su punto B no podría ser otro.

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Lo imposible ocurre todos los días. Lo aprendimos de Ludovico Einaudi y su Experience, así como del apacible y metafórico Cementerio de lo que Podría Ser. Y gracias a estas referencias es que uno puede describir un poco de lo que se siente al ver Kimi No Na Wa. Una cinta imperfecta en su perfección, tan humana como los deseos que nos rodean al vislumbrar un perfecto cielo nocturno lleno de estrellas fugases. Y queremos que haya más, pero sabemos que tenemos lo justo y lo necesario. Comprendemos que un momento puede durar una eternidad y la eternidad es solo un momento. Y entonces tiene todo el sentido del mundo. Al final todos somos historias que piden por nuestro nombre. Somos esa avecilla que cada mil años picotea una montaña hasta llegar a ser el primer segundo de la eternidad.

Somos Taki.

Somos Mitsuha.

Somos lo que Kimi No Na Wa nos hace sentir.

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